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Milan y Martina ¿y la justicia cuándo?

por | Abr 29, 2025 | Opinión

Exactos diecinueve días han pasado desde que Colo-Colo enfrentaba a Fortaleza por la copa libertadores. Era el debut del Cacique en su casa. Tenía que ser una fiesta, Pero terminó siendo una jornada triste, otra más, donde tuvimos que presenciar la muerte de dos hinchas del popular. El país se horrorizaba con la noticia de que un niño de 13 y una chica de 19 hubieran encontrado la muerte a manos, de nuevo, de agentes del estado. A manos de aquellos llamados a protegerlos, terminaron matándolos.

La investigación está en curso, y no es el objetivo de estas letras el acusar o imputar delito alguno, pero resulta al menos ofensivo y revictimizante que, mientras las familias de los pequeños hinchas lloran su partida, los funcionarios policiales gozan de impunidad, apartados de lo operativo y “premiados” con trabajo administrativo.

Las diligencias, de avanzar, lo hacen con una lentitud exasperante y comienzan a teñirse con el oscuro manto de la impunidad. A pesar de los distintos testimonios y antecedentes levantados por la prensa, la fiscalía y el ministerio público parecen ir a su propio ritmo.

La autoridad, una vez pasado el shock anunció una batería de medidas. La más llamativa, fue el fin del programa estadio seguro, de triste recuerdo por su infinita ineficacia en controlar la seguridad en los recintos deportivo. Trataremos a las barras como organizaciones criminales, decía el flamante nuevo ministro de Seguridad Pública.

Olvidaba, convenientemente, Cordero que “las barras”, como ente organizado, no generaron el problema que llevo a la muerte de Milan y Martina. La diferencia no es solo semántica, sino que marca cuan profundo es el desconocimiento de toda la experiencia estadio por parte de las autoridades responsables de asegurar, ni siquiera la posibilidad de disfrutar de la ida al estadio (que debería ser un desde) sino simplemente de que vuelvas a tu casa con vida.

La resolución del problema de seguridad que aqueja a la actividad en su conjunto, no solo a Colo Colo, está en manos de personas que no conocen siquiera la experiencia de llegar en transporte público a un evento masivo. Sin ese entendimiento no se puede generar un diagnóstico, o de generarlo, las posibilidades de que sea errado son enormes.

Por lo pronto la autoridad parece haber tomado el camino fácil. Seguimos en el camino de suspender y reprogramar partidos, de reducir aforos. A esta altura, el futbol se muere, lenta y dolorosamente, y sus sicarios se encuentran en alguna oficina de La Moneda, impávidos ante un fenómeno que los supera.

Partido a partido, los hinchas tienen que soportar tratos vejatorios o insultos gratuitos, por el solo hecho de vestir una camiseta y cometer el siempre sospechoso acto de acudir al estadio.

Mientras en las casas de Milan y Martina se vive el duelo permanente de perder a un hijo a temprana edad, los Carabineros culpables o responsables, elija usted, siguen en sus funciones. Lo hacen tranquilos y confiados, total, los muertos son pobres y encima hinchas del fútbol, algo deben haber hecho…

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